UGLATAM · Universidad Global Latinoamericana

Vida universitaria

Técnicas de estudio que sí funcionan (y las que no)

Orientación Educativa UGLATAM
Estudiante repasando con tarjetas de estudio en una mesa de biblioteca

Se acerca el cierre del cuatrimestre y casi todos hacemos lo mismo: releer apuntes, subrayar con tres colores y pasar una noche entera antes del examen. Se siente como estudiar. Buena parte de eso rinde muy poco.

La psicología del aprendizaje lleva décadas midiendo qué técnicas funcionan. La respuesta no es secreta ni complicada, pero va contra la intuición.

Lo que dice la evidencia, en corto

La revisión más citada sobre el tema es la de Dunlosky y colaboradores (2013), que evaluó diez técnicas de estudio comunes según la evidencia disponible. Dos salieron con la calificación más alta:

  • Ponerte a prueba (práctica de recuperación): intentar recordar sin ver el material.
  • Repartir el estudio en el tiempo (práctica espaciada): varias sesiones cortas separadas por días, en lugar de una sesión larga.

Con utilidad moderada quedaron intercalar temas o tipos de problema, preguntarte por qué algo es cierto y explicarte a ti mismo cada paso de un procedimiento.

Y con utilidad baja, justo las más populares: subrayar, releer y resumir tal como suele hacerse.

Por qué releer engaña

Cuando relees un texto por segunda vez, se lee más fácil. Esa facilidad se confunde con dominio. Se le llama ilusión de fluidez: reconocer algo no es lo mismo que poder recuperarlo cuando la hoja está en blanco.

Un experimento clásico de Roediger y Karpicke (2006) lo mostró con claridad. Después de leer un texto, unos estudiantes lo releyeron y otros practicaron recordándolo. En una prueba inmediata, releer daba un resultado ligeramente mejor; días después, la ventaja se invertía y recordaban más quienes habían practicado. Y aun así, quienes releyeron se sentían más seguros de lo que sabían.

Subrayar tiene el mismo problema. Marcar una frase no obliga a entenderla; sólo decide que es importante. Y un resumen que copia párrafos con otras palabras es relectura disfrazada.

No significa que nunca debas releer o subrayar. Significa que no pueden ser tu estrategia principal.

Las técnicas que sí rinden

Ponerte a prueba antes de sentirte listo

El momento de hacerlo no es cuando ya dominas el tema, sino desde el principio. Recuperar algo con esfuerzo fortalece la memoria más que volver a verlo, incluso cuando te equivocas, siempre que después revises la respuesta correcta.

Formas concretas:

  • Cierra los apuntes y escribe todo lo que recuerdes de un tema. Luego compara.
  • Resuelve ejercicios sin ver la solución resuelta.
  • Explícale el tema en voz alta a alguien, o a nadie, sin notas.

Cómo hacer tus propias preguntas de práctica

Si tu profesor no da guía, tú puedes hacerla:

  1. Al terminar cada clase, escribe tres preguntas que podrían venir en el examen.
  2. Que al menos una no sea de definición, sino de aplicación: "¿qué pasaría si...?", "¿en qué se distingue X de Y?".
  3. Guarda las preguntas sin la respuesta al lado. La respuesta va en otra hoja o al reverso.
  4. Cuando repases, empieza por las preguntas, no por los apuntes.

Para el final del cuatrimestre tendrás un banco de preguntas hecho por ti, que es más útil que cualquier resumen.

Tarjetas con espaciado

Las tarjetas (de papel o en una aplicación) funcionan bien si respetas dos reglas: intentas responder antes de voltear y repasas más seguido las que fallas.

Un sistema sencillo con cajas:

  • Caja 1: tarjetas nuevas o falladas. Se repasan diario.
  • Caja 2: acertadas una vez. Cada tres días.
  • Caja 3: acertadas dos veces seguidas. Una vez por semana.

Si fallas una tarjeta de la caja 3, regresa a la 1. No hay que complicarlo más.

Intercalar en lugar de bloquear

Hacer veinte ejercicios del mismo tipo seguidos da sensación de avance, porque después del quinto ya sabes qué fórmula usar. En el examen no te dicen de qué tipo es cada problema.

Mezclar ejercicios de distintos temas obliga a decidir qué procedimiento aplica, que es justo la habilidad que se evalúa. Se siente más lento. Rinde más.

Preguntarte por qué y explicarte los pasos

Cuando leas una afirmación, pregúntate por qué es cierta y cómo se conecta con lo que ya sabes. Cuando revises un ejercicio resuelto, explica cada paso: qué se hizo y por qué ése y no otro.

Los ejemplos resueltos son especialmente útiles al principio de un tema nuevo: estudiar un problema bien resuelto antes de intentar uno solo reduce la carga y te muestra el razonamiento completo. Conforme avanzas, quita apoyo y resuelve más por tu cuenta.

Desvelarse antes del examen

Estudiar toda la noche anterior puede alcanzar para pasar al día siguiente. El problema es que se olvida rápido, y buena parte de lo que ves en una materia se vuelve a necesitar en las siguientes.

Además, el sueño no es tiempo perdido: participa en la consolidación de lo que aprendiste durante el día. Recortarlo para estudiar más suele salir caro.

El teléfono y la multitarea

Cambiar de tarea cada pocos minutos tiene un costo: cada regreso al material exige volver a concentrarte. Contestar mensajes mientras estudias no es hacer dos cosas, es hacer dos cosas peor.

Lo más simple que funciona: el teléfono fuera de la vista durante bloques de estudio definidos, y revisarlo en las pausas.

Un plan semanal para las semanas de finales

Supón que tienes cuatro materias con examen en tres semanas. Una distribución razonable:

Lunes a viernes, un bloque diario de 60 a 90 minutos:

  • 10 minutos de tarjetas (caja 1 completa y lo que toque de las demás).
  • 40 a 60 minutos en dos materias distintas, alternando: preguntas de práctica primero, revisión de apuntes sólo donde fallaste.
  • 10 minutos para escribir las preguntas nuevas de la clase del día.

Sábado: un simulacro por materia, sin apuntes y con tiempo limitado. Anota qué temas fallaste.

Domingo: descanso o repaso ligero de tarjetas. Nada más.

Cada semana, los temas que fallaste en el simulacro son los primeros del lunes. La última noche antes del examen, repaso breve y a dormir a tu hora.

Si estudias en línea, en modalidad mixta o mientras trabajas

Las técnicas son las mismas; lo que cambia es dónde pierdes tiempo.

En clases en línea o con material en video, el riesgo es ver la sesión de forma pasiva, que equivale a releer. Pausa cada tanto y escribe de memoria lo que acabas de ver antes de seguir.

Si trabajas, lo que te funciona son bloques cortos y frecuentes, no maratones de fin de semana. Las tarjetas encajan en el transporte o en la hora de comida. Lo tratamos a detalle en estudiar y trabajar sin frases motivacionales, y si todavía estás eligiendo modalidad, en en línea, presencial o mixta.

Lo que también cuenta: las reglas del examen

Estudiar bien no sirve si no puedes presentar. Nuestro reglamento pide 80% de asistencia y estar al corriente en pagos para presentar examen ordinario, y más del 50% de asistencia para el extraordinario. Revisa tu situación en cada materia antes de que cierre el cuatrimestre, no después. Si tienes beca, recuerda que se renueva si mantienes promedio de 8 y no repruebas ninguna materia en ordinario. Los detalles están en el reglamento general.

Cuándo la dificultad es señal de pedir ayuda

Que estudiar cueste es normal; las técnicas que funcionan se sienten más difíciles que las que no. Pero hay dificultades que no se arreglan con método:

  • Llevas semanas sin poder concentrarte aunque lo intentes.
  • Fallas sistemáticamente en una materia y no sabes por qué.
  • Dejaste de entregar y no encuentras cómo retomar.

En los dos primeros casos, habla con tu profesor: pregunta qué estás entendiendo mal, no sólo qué calificación sacaste. Si lo que pasa tiene más que ver con ánimo, sueño o ansiedad que con el contenido, lee salud mental en la universidad y busca apoyo antes de que se acumule.


¿Quieres saber cómo se organiza el estudio en el programa que te interesa? Platícalo con un asesor educativo. Solicita informes.

  • tecnicas de estudio
  • habitos de estudio
  • examenes
  • aprendizaje
Escribir por WhatsApp a admisiones, 55 4038 9840